Presentación de la carta
Mantuve la compostura y presenté la carta de mi marido, dejando claras sus intenciones. “Esta carta”, dije sosteniéndola para que todos la vieran, “representa la opinión de mi marido sobre el destino de su patrimonio”. Cuando se la entregué a mi abogado, la sala se quedó en silencio. Leyó pasajes en voz alta, subrayando los deseos de mi marido. Vi cómo se despertaba el interés del magistrado, cómo sus ojos se cerraban absortos. Parecía un pequeño triunfo, pero era consciente de que la lucha distaba mucho de haber terminado.
El juez se pone de mi parte
El magistrado parece adoptar mi postura, pero aún no hay nada definitivo. Al releer la carta, su expresión se suaviza un poco. “Es una prueba convincente”, dice, señalando con la cabeza a mi abogado. El abogado defensor de Susan se opone, pero el magistrado se impone: “Vamos a analizarla”, declara. Sentí un hilo de esperanza, pero me di cuenta de que aquello no era más que un paso adelante en un largo camino. El tribunal hizo un breve receso, dejando a todo el mundo jadeando.